Alma grande surge y se transforma a medida que el alma se expresa, encuentra cobijo y se hace materia.
Las manos entienden mas de lo que el pensamiento puede imaginar.
El camino de creación comenzó con impulsos fuertes sin importar el espacio ni las herramientas disponibles.
Desde un rincón de la casa, con solo una mesa y arcilla, nacieron las primeras piezas. Alquilamos el horno y salieron
las primeras pequeñas producciones experimentales, ya con una mirada puesta en lo orgánico, lo terroso, lo simple.
El gres fue -desde el inicio- nuestro punto de partida: una materia noble, con profundidad, que invita a crear desde lo funcional lo bello. Buscamos crear vajilla utilitaria, objetos sinceros.
Con el tiempo, le dimos hogar al proyecto. Construimos nuestro propio espacio con materiales reciclados, que atesoramos durante años. Entre maderas, vidrios y mesas, levantamos las paredes que refugian y comparten el hacer cerámico.
Llegó el pequeño gran horno que nos dio alas, y después llegaron las primeras personas a acompañarnos, en la misma búsqueda de crear con lo fundamental.

Años después, tras mucho mucho trabajo en mesa, encontré un mundo nuevo en el torno, Un universo aparte, donde tuve que soltar criterios, aprender de paciencia y su equilibrio.
Tomé clases y confirmé que aprendizaje llega con la práctica, con el error.
Hacer nos hace.

Hoy, en Alma Grande, compartimos clases de cerámica en gres
--tanto en mesa como en torno--, explorando desde la técnica hasta la intuición.
Somos un espacio donde las manos juegan, sienten, nos hacen ver.
Porque pensar... es para otro momento.
En este taller, somos nosotros mismos.
















